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La creatividad comienza cuando un niño se atreve a soñar

Escrito por Carolina López – Armónico Agencia Consultora*

Octubre es un mes en el que la imaginación cobra vida. Los niños se disfrazan de sus personajes favoritos, inventan historias, se convierten en superhéroes y exploran mundos fantásticos. A través del juego, expresan lo que admiran y se atreven a soñar con lo que les gustaría hacer o llegar a ser.

Cuando crean un relato, construyen un objeto con materiales cotidianos o se preguntan cómo sería vivir en otro planeta, desarrollan habilidades que enriquecen su aprendizaje. Estas experiencias estimulan la curiosidad, favorecen la expresión de emociones, impulsan la búsqueda de soluciones y les ayudan a comprender diferentes perspectivas.

En este proceso, los docentes cumplen un papel fundamental: crear experiencias que despierten el interés de sus estudiantes, valorar sus propuestas y brindarles oportunidades para reconocer sus capacidades.

Tres estrategias para promover la imaginación en el aula

1. Hacer preguntas que abran nuevas posibilidades

Las preguntas abiertas invitan a los estudiantes a ir más allá de lo conocido y encontrar distintas perspectivas. En lugar de buscar una única respuesta correcta, los docentes pueden plantear interrogantes que despierten su curiosidad: ¿Qué pasaría si los animales pudieran hablar? ¿Cómo sería un colegio diseñado por los estudiantes? ¿Qué inventarías para resolver un problema de tu comunidad? ¿Cómo imaginas el mundo dentro de 50 años?

A partir de estas preguntas pueden surgir narraciones, dibujos, experimentos o proyectos. Lo importante es que expresen sus ideas con confianza y comprendan que existen diferentes maneras de responder a un mismo interrogante.

2. Convertir las ideas en experiencias creativas

El aula es un espacio para experimentar, construir e inventar. Los docentes pueden proponer actividades en las que los estudiantes diseñen objetos, creen historias o exploren materiales para dar forma a sus propuestas. Por ejemplo, pueden inventar un objeto que les gustaría crear en el futuro, representar una profesión que despierte su interés o construir una ciudad en la que todos puedan vivir mejor.

Estas experiencias vinculan sus intereses con nuevos aprendizajes y les permiten ensayar soluciones, probar alternativas y aprender de los errores. Más que buscar resultados perfectos, se trata de valorar el proceso, la iniciativa y los descubrimientos que surgen durante la actividad.

3. Crear un ambiente de confianza para expresar sus sueños

Para compartir lo que piensan, los niños necesitan sentirse escuchados y expresarse sin temor a las burlas o los juicios. Por eso, es necesario promover un ambiente en el que las preguntas sean bienvenidas, se respeten las diferencias y cada estudiante encuentre un espacio para participar.

Cuando alguien dice que quiere ser astronauta, veterinario, músico o inventor, se le puede preguntar qué le apasiona, qué le gustaría aprender y cómo podría empezar a acercarse ese interés. También se pueden compartir historias de personas con distintas trayectorias y mostrarles diversas formas de aportar a la sociedad. Así, amplían sus referentes y comprenden que sus aspiraciones pueden cambiar a medida que adquieren nuevas experiencias y conocimientos.

Acompañar los sueños de los más pequeños significa escucharlos, ayudarles a reconocer sus capacidades y sus intereses. Este octubre, los disfraces y los juegos pueden ser el punto de partida para que los docentes descubran qué inspira a sus estudiantes y los animen a probar nuevas posibilidades sin limitar sus aspiraciones.

Quizá hoy un niño sueñe con volar, inventar una máquina extraordinaria o encontrar una solución para ayudar a los demás. No necesita tener definido su futuro, sino contar con un entorno que valore sus ideas y lo motive a desarrollarlas.

*CORPOEDUCACIÓN no es responsable por las opiniones ofrecidas en este espacio